Puebla, Pue., Mex.09/05/2008 03:18:53 p.m.
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La Palabra de Hoy
Viernes 09 de Mayo de 2008
Viernes 7ª semana de Pascua

Hechos 25,13-21

Un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: "Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César."

Salmo responsorial: 102

El Señor puso en el cielo su trono.

Bendice, alma mía, al Señor, / y todo mi ser a su santo nombre. / Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles; / como dista el oriente del ocaso, / así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
El Señor puso en el cielo su trono, / su soberanía gobierna el universo. / Bendecid al Señor, ángeles suyos, / poderosos ejecutores de sus órdenes. R.

Juan 21,15-19

Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

De nuestra Revista
Evangelio y Cultura - Diciembre  2002
EL PERDÓN ES EL CAMINO DEL AMOR
Por J. Guillermo Peña Escalante
Es un hecho psicológico que el ser humano desea el perdón en algún momento de su vida, en ocasiones cuando la muerte se aproxima, cuando su corazón está más abierto al amor: sin embargo, qué difícil es perdonar.

Nos es difícil perdonar porque no sabemos amar, nuestro egoísmo es más fuerte; nuestro odio, nuestro rencor nos hacen sentir que fuimos demasiado lastimados para poder perdonar, sin darnos cuenta de que es el miedo, lo que realmente no nos deja perdonar.

Miedo al qué dirán, miedo a que piensen que somos débiles, miedo a que sigan “abusando” de nosotros, siempre es un miedo inconsciente que nace de nuestra falta de amor a nosotros mismos. No es malo tener miedo, lo importante es vencer el miedo; aprender a crecer desde él mismo, y para ello, es necesario hacer un análisis sincero de nuestro temor a perdonar.

Ese miedo es nuestra falta de Fe, de desconocimiento al Amor de Dios, el cual nos mandó a su Hijo. Jesucristo Nuestro Señor, como un verdadero “Caudillo Salvador”, ya que la iniciativa del perdón viene de Dios, es obra de Dios, por eso ese perdón nos lo concede en Cristo. “Pues en Cristo, Dios reconciliaba al mundo con Él”, (2 Co 5, 19), es el fruto de su muerte en la Cruz como un sacrificio expiatorio.

Sólo cuando conocemos esta verdad podemos cambiar el miedo por la Fe, la fe da fortaleza para poder enfrentar nuestros temores; la fe nos deja ser humildes y nos permite conmovernos de nosotros mismos, para así comprender a nuestros semejantes y sin temor seguir la enseñanza de Jesús que nos dice: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen”.

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